El sexxxooo en nuestras vidas

Divorciada y con dos hijas invité a Tanga a comer mi casa. No nos habíamos visto desde hacía  un rato. Ella quería platicarme del taller en el que estuvo metida todo el domingo y yo quería contarle detalles del fin de semana en que estuve sumergida entre libros y obras de teatro con el novio de Natalia que venía de la playa y que se iba a quedar en casa de mi vecino hasta diciembre.

Después de tantas expresiones culturales, se me quedó dando vueltas en la cabeza una sola pregunta: ¿Por qué en todos las presentaciones que fuimos a ver tratan del mismo tema: sexxxxxxoooo? Nos educaron para pensar que el sexo no es importante y todo trata de las relaciones de pareja que se pueden resumir en aburridas, violentas o congeladas; mujeres y hombres viviendo dobles vidas, buscando satisfacer en secreto sus más hondos deseos; que si la adolescencia, que si la homosexualidad; ¿por qué el sexo no tiene un lugar real en el mundo cotidiano si vive latente en las vidas de todos como el gran secreto? Todos actuamos como si no fuera importante coger y es justamente eso lo que nos tiene bien o mal equilibrados en nuestras vidas.

El vecino temporal terminó explicándome que por milenios la educación moral, civil, religiosa, social y familiar ha visto al sexo como pecado, que por eso la gente no habla de sexo. Escribe de amor, de la necesidad urgente del deseo, de  sacar la calentura del cuerpo y de escapar a ratos de la terrenalidad que pesa tanto de una manera impersonal, aventándole sentimientos sólo a personajes ficticios, pero abiertamente, parecía imposible que la gente reconociera la necesidad sexual en su vida.

Por alguna razón, yo no podría explicar por qué, me pasé obsesionada con la fruta del pecado toda la semana inspirada en recetas de manzanas sosteniendo, cortando y degustándolas con pollo, ensaladas y postres; justo cuando las estaba friendo con mantequilla y azúcar me llamó MiDoctor sustrayéndome del mundo, soltándome en medio de la galaxia donde no existe la gravedad. De los nervios le eche más brandy de lo necesario y una ráfaga de fuego salió del sartén. Me dijo algo de un evento que está organizando a principios de noviembre, también que nos veríamos a cenar en la semana, que tenía muchas cosas que contarme, que extrañaba mis ojos y yo, envuelta en un aroma de caramelo con mantequilla, manzana, nueces y mucho brandy, volaba de gusto hasta que Tanga comenzó a tocar el timbre frenéticamente. Siempre llega con ganas urgentes de hacer pipí.

Colgué y vi a Tanga correr al baño. Me quedé detenida en la nada tratando de escuchar el eco de la voz del hombre que había desaparecido de mi vida al lado de una francesita que me robó horas con MiDoctor y justamente, la receta de un postre de manzana.

Cuando Tanga salió del baño comenzó a contarme lo de un curso llamado: “Volver a empezar”, que explica como todo lo que termina necesita su tiempo de luto, que cada uno tiene su ritmo y que no hay necesidad de acelerar el proceso con una siguiente relación, sino, más bien, tratar de ser lo más cauteloso y fijarse en ciertos detalles desde la primera salida en que todo es romance y felicidad.

Como Tanga había terminado con el Chelis tomó ese curso que le recomendó su amiga Frida y en lugar de escuchar lo que yo quería contarle, sacó su libreta de apuntes para explicarme lo importante que son los detalles en los que uno debe poner atención antes de involucrarse otra vez con alguien.

—Hay defectos con los que uno está dispuesto a vivir, otros con los que no —comenzó. El reto es averiguar cuáles son los defectos con los que crees que puedes vivir. ¿Te mira a los ojos? ¿Habla bien de su ex? Pregúntale de su mamá para saber si está demasiado apegado. —A cada rato leía en su libreta otra pregunta— ¿Cómo se lleva con los suyos?, ¿qué tan explosivo es? ¿Se expresa con desprecio de la gente que ya no está en su vida? ¿Es buen conversador? ¿Lo admiras?, ¿cómo habla de sus enemigos?, ¿puede mantenerse solo? ¿Le apasiona su chamba?, ¿es celoso? ¿Detallista o tacaño?

Yo tomaba nota en mi mente y en cada pausa evaluaba a MiDoctor.

—Sólo le agregaría dos aspectos más —dijo Tanga— ¿qué tan culero es ya que la cosa se comienza a poner formal? Y si utiliza SICO cada vez que lo hacen, porque si no se cuida, más vale salir corriendo.

Nos cagamos de la risa pero era obvio que Tanga venía desilusionada. Antes de irse me contó que conoció a un tipo en el curso que le había hecho creer otra vez en la pareja, pero al final sucedió lo mismo, quedó en llamar y no lo hizo.

—Puedes tomar veinte cursos, la gente no quiere compromiso, se aterra.

Se hizo de noche cuando se fue Tanga. No le pude contar detalles de mi fin.

Antes de dormirme tomé el libro de Kenia Gascón “Gramática Erótica”. Una cita del monólogo de Hamlet daba principio, después, el primer capítulo se llamaba YO y decía así: “Tenía trece años cuando descubrí el significado de la palabra “pecado”. Corría por mis venas a una velocidad vertiginosa y me provocaba mareos todos los días durante la clase de matemáticas…”.