Nora Emilia / 28 - Feb - 08
Manos, cuerpos y sartenes
Divorciada y con dos hijas me pasé una noche loca con el divorciado de entradas que ya iban de salida, que me presentó el otro día Don Nacho, mi voceador.
Desde que me llamó dos días antes me preguntó si quería ir a una fiesta desparpajada; yo, valiente y excedida, contesté que nada me gusta más que la locura. En el camino me habló del no juicio, de la no posesión y de la libertad que necesitamos los seres independientes.
Llegamos a casa de sus amigos. Había cinco parejas más. Me presentó con todos y se saludó con más de una mujer, estoy segura, con un beso en la comisura de los labios. No entendí el contexto de esa acción. Sacaron vino tinto y una de las invitadas que vestía de azul cielo, comenzó con el rollo acartonado de que se estaba organizando poner en marcha nuevamente el “HOY NO CIRCULA”, pero ahora sí, parejo para TODOS como medida contra el tráfico que estamos padeciendo.
—Solamente transporte escolar y público estarían exentos. Coches nuevos, viejos, doble viejos o doble nuevos no deben circular un día a la semana —seguía diciendo la mujer de azul—. Esa va a ser la única solución radical contra el tráfico. ¿No se dan cuenta que nos está desquiciando vivir en un estacionamiento?
—Ni madres, a mí ya me tiene harto eso de vivir en una ciudad llena de restricciones impuestas, como la tenencia que dizque era temporal y ahora es el IETU lo que nos está dando en la madre —comentó mi pareja de entradas que ya iban de salida—. Además, el que pueda va a comprar otro auto y otra vez no va servir de nada imponer esa medida.
—Yo estaría de acuerdo siempre y cuando se enfocaran esfuerzos formales por mejorar el transporte público; todas las grandes ciudades del mundo tienen esa necesidad resuelta de una manera seria —decía otro invitado mientras Gloria, la anfitriona, pasaba entre nosotros ofreciendo el mousse de aguacate que decoró con pedacitos de pistache picado encima. Cuando pasó frente a mi hombre de entradas, se quedaron diciéndose secretos y mientras él se preparaba su bocado, noté cómo con la yema de sus dedos le rozaba los senos frente al marido de Gloria, que no era ningún pendejo, y que no pegaba el grito; a partir de ese momento sentí una carga sexual entre todos menos la de azul, que seguía neceando con lo de HOY NO CIRCULA. Como que había un toqueteo general; decidí dejar el vino. Me convencí de que me lo estaba imaginando por caliente y decidí que no me iba a obsesionar con eso; yo me la estaba pasando divino y no me iba a ir de esa casa sin la receta del mousse de aguacate.
Nunca nos sentamos a la mesa; estaban servidas varias botanitas por todos lados, más velas que luces encendidas, incienso, poca luz, pero cuando vi condones SICO en los platitos de postre caí en cuenta que estaba yo metida, por primera vez, dentro de una fiesta swinger. Entré a la cocina a buscar al amigo de Don Nacho y ahí me topé por fin con la escena que desde hacía rato rondaba en mi cabeza: todos se agasajaban ahí dentro en una afinidad completa; se respiraba algo así como un código comunitario. Mi hombre de entradas vino hacía mí y recargando mis nalgas contra su vientre atestigüé a su lado el espectáculo con mucho morbo; al oído me decía que en ese micro mundo no había mentira, que ellos reconocen que el tener una sola pareja sexual toda una vida es poco realista y que es un grupo de gente que condena al engaño como la verdadera traición. Mi corazón latía de prisa y dentro del asombro yo estaba totalmente extasiada.
—¿No te parece extraordinario? Somos parejas dispuestas a compartirnos unos con otros dejando fuera la posibilidad de la mentira. En lugar de pintar cuerno, como el resto de la humanidad, jugamos a compartirnos entre nosotros —me dijo el amigo de Don Nacho. Yo no encontraba qué decir, pero las imágenes se cincelaban en mi cerebro. Sin querer pensar mucho, me resguardé en el cuerpo del amigo de Don Nacho. Contagiada por el deseo de los otros, me pegué a sus caderas. Él acarició con sus pulgares mis senos. Por su erección me di cuenta de que estaba disfrutando tremendamente hacer contacto con mi piel y yo me odié en ese instante por no llevar puesto un vestido.
—Dime que dejaste que varios te acariciaran, que fuiste el festín de todos ellos esa noche y que aprovechaste con plenitud la situación —se reía Tanga cuando se lo conté.
¿Cómo explicarle que me quedé paralizada? Suspendida ante la sorpresa, sólo pude ser espectadora de esas imágenes de película porno que esta vez eran en vivo en tercera dimensión. Hasta la de azul estaba jugando con otra pareja.
De regreso, ya en el carro, quise preguntarle al amigo de Don Nacho desde cuándo tiene esos encuentros, saber si eso fue lo que lo separó de su ex mujer, si éramos nosotros la única pareja de no casados esa noche, y si hubiera yo podido meterme con todos ellos a la vez. Miles de interrogantes llegaban a mi cabeza, pero preferí dejar que su música sonara y acepté la invitación a su casa. Nos metimos un delicioso faje desde que se estacionó. Con besos arrebatados y nuestra ropa a medio desabrochar, llegamos directo a su colchón donde entre imágenes de fregadero, estufa, refrigerador, manos, cuerpos y sartenes, CIRCULAMOS, sí, uno en el cuerpo del otro hasta al amanecer.
|