banner


HistoriasReseñasPodcast

Nora Emilia / 24 - Abril - 08

Lenguaje manual

Divorciada y con dos hijas  colgué el lienzo que me regaló MiDoctor sobre mi cama. La combinación de colores que utilizó el artista plástico le dio un toque alegre a mi habitación. Me maravillaron los trazos con que fue captada mi esencia. Mis piernas en primer plano y la mirada en segundo.


Por la noche, en la junta de vecinos le mandé una notita a Victoria diciéndole que estaba estrenando cuadro; cómplice con la travesura colegial del papelito se lo pasó al fotógrafo y éste a su vez a Doña Leticia, la nueva inquilina del cinco que no lo quiso pasar. Para nosotros tres, la junta terminó diez minutos después con un ataque de risa en la terraza de mi casa.


El fotógrafo me reconoció en el cuadro. Visto de cierto ángulo era imposible no reconocerme después de haberme tenido completamente desnuda. Efectivamente, el artista había pintado una perfecta carta astral con mis pecas y lunares. La vía láctea que rodea mis pechos tiene sus coordenadas. El detalle pasó inadvertido, porque no me dijo absolutamente nada.


Aproveché una botella de tinto que no había salido muy buena y en una jarra la revolví con un poco de jugo de naranja, melón, piña y manzana en cuadritos y mucho hielo. Saqué pechuga de pavo, pan tostado, mostaza y jitomates.


El fotógrafo nos contó que regresó de Querétaro impactado. La ciudad había crecido, pero con la planeación que le faltó a Cuernavaca.


—Los queretanos la están haciendo de poca madre; no nada más le inyectan cultura y diversión a su ciudad, sino que hasta hay tiempo para asistir a los eventos. Querétaro está limpio y la calidad de vida es de primera. Hay un chorro de antros nuevos, pero no se siente el caos.


—¿Es Tanga la que siempre dice que Querétaro es bien mocho?

—interrumpió Victoria.


—Pues en la librería del fondo de cultura la presentación fue de literatura erótica y nadie se echó a correr. La mujer de provincia de éste país, está muy en orden con su sexualidad, quizás no necesita hacer tanto alarde como algunas defeñas —contestó el fotógrafo echándome la indirecta—. No sé, pero regresé con una sensación de que sí se puede mejorar nuestro entorno, de que la provincia mexicana trae una dinámica de cohesión que aquí no sabemos ni que existe.


—Este cabrón, se dio a una queretana —adivinó Victoria—; ahora nos cuentas con detalle; ¿qué, muy enamorado?


No podía creer que me estaban dando celos. Sin ninguna justificación, estaba sintiendo que le iba a vaciar la jarra de clericot en la cabeza, y aun sabiendo que no tenía derecho de sentir celos, escuchar sus aventuras me estaba molestando.


—Se llama Laura. La conocí justamente en la librería. No sabía nada de la presentación, pero comencé a ver que se llenaba de gente y como el anfitrión comenzó a regalar condones SICO a los presentes, yo me acerqué un tanto por el condón y otro tanto por la Laurita, que por el tumulto, no pude sentarme a su lado.


—¿Compraste por lo menos el libro? —traté de cambiar sutilmente el tema.


—En lo que la autora leía en voz alta algunos fragmentos, yo me levanté de la silla para hacerme pasar por reportero y con la cámara me di a la tarea de fotografiarla. Al principio disimulaba tomándole fotos a la autora y al presentador, pero después, le fui metiendo el zoom entre el público a la Laurita y ella comenzó a notar que yo la capturaba a ella, sobre todos los presentes.


—¿Compraste el libro? —intervine nuevamente, pero ni Victoria ni el vecino se dieron por aludidos.


—Acabando la presentación la seguí a la caja. Ahí la abordé y con tono de: “qué casualidad”, le pregunté dónde podía cenarse algo rico y típico cerca de la librería. Me recomendó las enchiladas queretanas de quesito fresco acompañadas de jalapeños… —yo no podía creer el ataque de celos que me estaba dando. Me levanté a mi cuarto para dejar de escuchar la historia y cuando me topé con los ojos de mi cuadro me sentí idiota. Regresé después de lavarme las manos y la cara para refrescarme y me traje unas fresas bien lavadas para disimular que fui a la cocina con una intensión— …con eso de que le encanta el arte, me dio un recorrido por las iglesias y yo, con cámara en mano, me deleité fotografiando su silueta tras las sombras de construcciones góticas y barrocas. La cabrona se sabía todas las cerraditas y los rinconcitos de Querétaro. Nos llenamos de besos, de besosfajes y de fajesbesos. Utilizamos los dos SICO que nos obsequiaron. Por ahí de las tres de la mañana la dejé frente a un portón blanco y me fui caminando solo, satisfecho y sin pánico de que me asaltaran.


—Ay, sí ¿no? Lo de los dos condones ya no te lo creí. A éste cabrón no se le puede creer nada —me dijo Victoria en plan de burla.


Yo lo veía convenciendo a Victoria, con mi abanico en mano, asegurar que cuando Laurita come, come, que cuando habla, habla y que cuando hace el amor, hace el amor; que las de aquí hemos perdido el ritmo y creemos que podemos hacer todo al mismo tiempo.


No sé si fueron los detalles o mis ganas de sentirme constantemente deseada, pero en la penumbra de la madrugada, sin poder dormir por el calor que de noche se dejó venir, le toqué al fotógrafo y lo invité a darse un regaderazo, y así, como aprendí de MiDoctor, le pedí que me hablara de Laurita con lenguaje manual sobre mi piel.

lachulanga@gmail.com

 

Sico