Nora Emilia / 30 - Octubre - 08
El fenómeno Obama
Divorciada y con dos hijas me pasé un largo y azul fin de semana. El cielo amaneció celeste sábado y domingo y tuvimos dos días de un invierno claro y frío, como los que yo más disfruto.
Mi vecina Victoria se fue otra vez de viaje. Desde que dejó de fumar con las pastillas de phizer ahorra lo que se gastaba en cigarros y lo invierte en viajes relámpago al interior de la república. Esta vez se fue hasta Zacatecas con el pretexto de conocer el museo de Goitia y su hija Azul se quedó a pasar unos días con nostras.
Estoy segura que fue el cambio de horario lo que hizo que el domingo se nos hiciera eterno. Sumarle una hora más al día es un juego abstracto que altera de manera inimaginable nuestro reloj biológico. Sentíamos que eran las cinco cuando apenas dieron las cuatro y después, que eran las nueve cuando a penas daban las ocho. Nos dio tiempo de cocinar galletas de avena, montar crema batida, caramelizar manzanas con canela, brandy y avellanas; vimos una película metidas en mi cama y buscamos fotos de nuestros muertos para el altar que vamos a poner en casa.
Antes de dormir le hablé a mi hermano Fernando para saber si venía a México a festejar el día de muertos.
—El año pasado no me perdoné haber faltado al reventón —me dijo para mi sorpresa por teléfono. Yo creí que me iba a salir con que la situación y la crisis, pero creo que la muerte de la abuela le pegó por ese lado.
—¿Qué estás dónde? —le pregunté a Fer y es que estaba en Carolina del Norte trabajando como voluntario para la campaña del candidato Obama. La noticia me cayó de sorpresa porque mientras vivió en México nunca fue políticamente activo. Cuando comenzó a explicarme sus razones recordé el discurso que se manejaba en México hace ocho años, cuando la necesidad de cambio era para nuestra sociedad mucho más importante que el candidato.
—Hay que tener cuidado, acuérdate que la búsqueda de cambio fue lo que llevó a Fox a la presidencia y mira como nos fue —le recordé yo.
—No compares, chiquita. Reconozco que la política de este país ha tocado el surrealismo absurdo —me decía Fernando a quien los del partido demócrata lo llamaron por las cartas que les mandó durante el año; y es que él comunica con mucha claridad sus puntos de vista como extranjero, latino y clase mediero—, pero Obama está proponiendo resolver el problema de los inmigrantes con educación y equidad de derechos; el cambio es tangible y urgente.
No quise decirle que sigo sorprendida de que el candidato a la presidencia sea un hombre negro y que sólo eso ya muestra un gran avance en la cultura gringa… la pregunta es ahora si esa sociedad tendrá la madurez como para dejar a ese hombre negro llegar a la presidencia.
—Obama es un hombre increíblemente práctico; está rompiendo con todos los esquemas anteriores. A parte, el inconveniente más grave que existe entre los republicanos es que entre ellos hay un grupo de fanáticos radicales a los que les resulta bien tener un país enajenado, sin los pies en la tierra; una mayoría que se pasa la vida cubriendo necesidades falsas en centros comerciales, que es adicta a la televisión y que se atasca de antidepresivos para estar sin estar.
Su emoción me era contagiosa y, por qué no decirlo, a quién de nosotros no le gustaría pensar que los gringos dejaran su política de guerra para hacer alianzas efectivas como la comunidad europea; quién de nosotros no sabe que estos últimos años la sociedad gringa se ha vuelto el ícono de los robocops en todo el mundo.
—Ya se hizo el experimento —seguía él con su monólogo—, el radicalismo capitalista fracasó como sistema. Obama quiere generalizar la salud pública y mejorar la educación en todos los sectores. Salud y educación de primer nivel para todo mundo, no hay de otra.
Me animó mucho oír a Fernando decir que Obama está invitando a la sociedad a volver a la conciencia; que está generando una atmósfera de sentirse valiosos unos para con otros. Lo escuché tan emocionado, tan con ganas de creer en el algo que no me atreví a desanimarlo.
—¿Quién quita y el próximo presidente es latino? —nos reímos—. Y dime, ¿ahora sí vamos a conocer a tu novia, o vienes otra vez solo?
—Claro que voy solo; dicen que en la fiesta de día de muertos algunos regresan por un día en otros cuerpos, que basta con que uno los evoque con todo el amor y todas las ganas. Tú sabes que la abuela y yo siempre tuvimos nuestras diferencias, pero no a la hora de bailar, así que estoy seguro que este noviembre se me va aparecer del más allá en el cuerpo de una mujer con un par de grandes y frondosas bubis y que va saber mover tan bien como la abuela los pies y las caderas. Así que mejor voy a México solo, no vaya a ser que se me aparezca…
—… ¿y a poco… no te dan permiso de bailar?
—No me andes chingando… ¿pasas por mí al aeropuerto?
—Mándame tus horarios por internet. Sólo te digo que te vas a quedar pendejo cuando conozcas la terminal 2.
Colgamos. Me quedé pensando en Fernando, en la abuela y después pude ver claramente a Obama quien acabó por recordarme al jamaiquino de la fiesta de la semana antepasada, así que con una sonrisa en los labios, me fui al país de los sueños bailando con ellos dos.
|