Nora Emilia / 20 - Noviembre - 08
PHobos
Divorciada y con dos hijas continúe el viaje de Colima a Manzanillo. Aprovechando el puente y las ganas de presumirles a los gringos nuestras playas, MiDoctor y yo encaminamos al grupo de médicos a tomarnos unas vacaciones post-chinga y descansar a la orilla de nuestro glorioso mar.
Llegamos al hotel Best Western, Brisas del Mar, en Manzanillo. Limpio, chiquito, con desayuno incluido y una playa movidita y deliciosa; blanco y glamuroso, el lugar perfecto para hacer una pausa.
—Tenemos aquí sus reservaciones —nos dijo, el gerente— hoy en la noche tenemos boda.
Tanga me llamó al celular y en lo que ella me contaba de su novia en Cuernavaca fui describiendo las puertas de bambú de las habitaciones, los espacios blancos llenos de amplitud, la vista al mar que tenía nuestra habitación y los arreglos que se estaban haciendo para la boda.
—Pásame el teléfono, si me caso con ella, segurito va a ser en la playa.
—Le dicté: 01(314)3341197 —ignorando a propósito el comentario del casamiento y mejor le di la página www.brisasdelmarmanzanillo.com
MiDoctor no es mucho de sol y cuando puede, aprovecha la mañana para dormir. Es como si se apagara y tuviera que cargarse de energía totalmente desanimado. Así bajé a asolearme y ahora sí, tuve la oportunidad de conocer a los que conforman el grupo, porque sólo conocía a Luis Martín, de Xalapa-Veracruz, un excelente cirujano otólogo con el que MiDoctor se apoya desde hace años y con el que es delicioso tequilear.
El guapo de ojos azul cielo era el doctor David. Me contó que realiza este tipo de jornadas desde 1990, que ha estado en Costa Rica, Perú y Honduras; que con éste era el séptimo viaje a la provincia mexicana y que le gusta nuestro país. Betsy es su instrumentista. Dice MiDoctor que es telepática durante las cirugías, pasa los instrumentos antes de que se los pidan, es una delicia que ella asista; Sarah, otra instrumentista que nunca había visto antes el mar; Theresa y Sheryl, audiólogas de profesión, que con una paciencia infinita y nada de español, se dan a entender con los pacientes. También estaban Emiliy y el Dr. Jeff, quienes a diferencia de todos, mal-hablan-bien el español y adoran sentarse bajo una sombrilla a leer.
—¿Por favor qué querer decir “obtenerla”? —me preguntó Jeff.
Me acerqué a él y vi que estaba leyendo un artículo de Denise Dreeser: Mujer y Universidad. Leí donde me señaló: “¿Para qué sirve la educación si no se ayuda a los demás a obtenerla?”. Le expliqué lo que la autora quería decir con mi roto inglés sin tener respuesta a la pregunta de Denise.
—A mí, gustar mucho la claridad con que Dresser escribir —me decía Dr. Jeff—. Este ser un problema universal, me ponga triste que en México la cantidad de problemas contra las mujeres ser muy alta. En EUA tenemos mismo problema, no igualdad entre hombres y mujeres, pero cada vez haber más directoras de universidades y empresas. Las cosas cambiando pero todavía quedar mucho camino por recorrer.
Nos interrumpieron Patty y Katie, la primera, instrumentista también y la segunda, su hija; una chava de 25 que no tiene nada que ver con medicina, pero desde siempre sabe organizar los insumos que van requiriendo en los quirófanos. Sólo con verlas pude notar que en México se sienten muy bien. “Quizás estos viajes las han unido”, pensé inevitablemente en Marcela… cosas así podríamos hacer juntas.
—Yo vivo en USA, pero mi corazón es en México —me dijo Patty saboreando un plato de frutas— papaya sabe mehor en su país.
Extrañé a MiDoctor y subí a buscarlo.
—Apaga tu computadora. Deja ya de trabajar —sugerí yo.
—Estoy viendo cómo va nuestro experimento. Queremos mandar microorganismos vivientes a una luna de Marte y de regreso.
—¿Queremos?
—Ya te había contado que soy parte de una sociedad internacional que busca avanzar en el conocimiento del universo, incluyendo la búsqueda de vida en otros planetas; queremos mandar un meteorito artificial con distintos tipos de microbios en una misión que va a ir a Phobos a recoger una muestra de su superficie y va a regresarla para ser analizada en la tierra.
—¿Qué es Phobos? ¿De qué me hablas? —le dije asomándome a la pantalla con la certeza, ahora sí, de que el tipo con el que yo compartía habitación era un espía de otro planeta.
—Phobos es una de las dos lunas naturales de Marte. La misión es determinar si los microbios terrestres sobreviven a un viaje interplanetario en un meteoroide.
—¿Me estás choreando???
—Búscalo en http://planetary.org/programs/projects/life/ o en www.planetary.org ¿cómo crees que te voy a chorear con estas cosas?
—Me dijo acercándome a él—. Hablo poco, pero siempre en serio.
—¿Cómo es que estás metido en eso? —pregunté desconfiada cuando él estaba desabrochándome el bikini.
—No dices tú que sólo bajo a la tierra a saludar —me contestó riendo con mis pechos en sus manos, cerrando mis ojos con sus ojos y llevándome al espacio sideral. Comencé por respirar hondo, por meter oxígeno de mar en mis pulmones y de ahí, de la habitación 604, despegamos los dos con la música electrónica de su amigo, el DJ PIT Carrano, y a una distancia que sólo puede medirse en años luz me transpotó, MiDoctor, a sentir un orgasmo del que todavía me sigo estremeciendo.
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