Nora Emilia / 19 - Feb - 09
CENSOS
Divorciada y con dos hijas escuchaba cada día una versión distinta de lo que se debe hacer con esto de la crisis, pero lo que propusieron Karmen y Tanga el sábado en mi cocina, me abrió una ventanita de esperanza.
Aprovechando que mis hijas se fueron el fin de semana con su papá y que mi vecino tiene poca chamba, las novias vinieron a México a hacerse un estudio fotográfico de pareja y los invité a cenar a todos.
—Si cualquier pendejo puede hacer maravillas con foto-shop, imagínate los que sí le saben —le dijo Tanga a su novia para convencerla de venir a la ciudad.
En realidad mi amiga Tanga tenía un plan oculto que a mí me confesó por teléfono, y es que después de su pequeña crisis personal, regresó a Cuernavaca con la idea de que mi vecino el fotógrafo es el candidato ideal para quitarse las ganas de un hombre. El ingrediente secreto para que esta historia tuviera un final feliz, era dejar que Karmen y el vecino se conocieran de forma natural.
—Así, Karmen no va a creer que hay mala leche, ni ganas de engañar —se convencía así misma Tanga—. Con suerte y hacemos la travesura de un trío, el chiste es dejar que la cosa fluya.
—La economía es sólo un reflejo de cada ser humano en crisis —comenzó Karmen, seria y fatalista, mientras muy a gusto con tequila en mano, comíamos unas tostaditas de nopalitos con orégano, aceite de olivo, chile verde y cilantro—. La propuesta de hacer Censos de Desempleados parece una de las soluciones más indicadas para mejorar el problema social que se nos viene encima.
—¿Censos de Desempleados?
—¿Quién va a hacer eso? —preguntó Tanga y se contestó sola—. Olvídalo, en este país todo se queda en el aire. Nadie se responsabiliza por el otro.
—Hay muchos que estamos en la lucha —dijo Karmen seria—. Hay que exigirlo a los funcionarios públicos. La gente que trabaja en las delegaciones debe ser la más apta para eso.
—Qué chistoso que aptitud y actitud estén tan cerca —dijo Tanga otra vez sarcástica. Todos, menos Karmen, nos atacamos de la risa.
—En serio, sería cosa de llenar una forma, hasta por internet, con nombre, teléfono, el número de personas que viven juntas y las edades respectivas. También habría que poner lo que sabes hacer y te sale bien, es decir, “pa’qué eres bueno” o en qué puedes contribuir. La información puede meterse muy fácil a bancos de datos y cada quien consumir lo que se produce en su delegación. ¿Necesitas un carpintero? Contratas a uno de los de la lista de tu delegación.
—En este país nunca pasa nada —dijo Tanga como de chiste, pero con esas palabras se desató el desmadre.
—Me caga cuando te oigo hablar así —interrumpió Karmen furiosa y se siguió a gritos—. Puede funcionar. Hay cosas que sí están funcionando. Pero lo primero es cambiar el karma del México quebrantado. El nuestro es un país fracturado; es lo mismo si el rompimiento es entre calderonistas y perredistas, entre ricos y pobres, Chuchos y pejistas, españoles o indígenas. Se nos olvida que todos somos MEXICANOS y a nuestro país se lo está llevando la mierda… hasta en el fútbol —le gritó Karmen a Tanga. El fotógrafo interrumpió.
—Sí, los políticos nos joden porque no somos unidos ni para buscar que no nos vean la cara. A nadie le importa el bien común. Cada mexicano puede o no poner su granito de arena. Urge detener la inercia de: desempleado-vago-criminal-narco. Frenar la avalancha de delincuentes en potencia que se viene generando. Podría combinarse con el seguro de desempleados que se está proponiendo —sus palabras bajaron el tono en la mesa.
—Coordinarnos por colonias como cuando fuimos a votar, así como nos organizó el IFE. Juntarnos los vecinos hasta en los mismos sitios que designaron entonces.
—No suena mal censar a los desempleados y hacer una red de comunidad, para darse servicios unos a otros. Habrá de todo, maestros, enfermeras, plomeros, administradores, ejecutivos, la magia es aprovechar la crisis y convertirla en oportunidad de cambio y ante todo parar la ola de violencia y criminalidad ¿O qué? ¿Ya olvidaron las caras de Alejandro Martí y de Nelson Vargas? —volvió a subir el tono Karmen.
—Adoro tu intensidad —se acercó Tanga a su novia y la besó.
—Es en serio —dijo Karmen seria—. Tenemos que unirnos sin otra bandera que el lograr una comunidad que trabaje COMO-UNIDAD. Imagínate un México en el que fluya la gente con inercia positiva, que trabaje para los de su delegación y que después logre hacer redes delegacionales. ¿Te acuerdas de lo que una vez dijiste de la forma de manejar de la gente en esta ciudad? —me preguntó—, que el chingón sale a chingar y a fuerzas hay un chingado… pues bien, muchos ya no queremos tanto chingón en esta ciudad. Ahora sí que, o nos ayudamos chingándole, o nos va a llevar a TODOS la chingada; no se puede jalar con un país de gente que vive de manera individual —Tanga la agarró a besos y comenzaron a cuchichear con aires de reconciliación. Mi vecino no perdió la oportunidad y con la cámara empezó a estudiarlas.
—¡Puta!!, Se ven las dos divinas, no se muevan. Ve qué foto —me dijo a mí, pero como yo ya conocía las intenciones de mi amiga Tanga, para no caer en tentaciones, me desaparecí a casa de mi vecina Victoria a platicarle todo. Seguro que algo positivo podremos hacer juntas en nuestra delegación.
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