banner


HistoriasReseñasPodcast

Nora Emilia / 26 - Feb - 09

Ideogramas

Divorciada y con dos hijas me levanté a las tres de la mañana. No podía dormir. Así que con una taza de té en mano, me senté en mi escritorio y comencé a ordenar papeles y correos en mi buzón.
            Me topé con un recorte que me dejó Tanga del “Gráfico Universal” del sábado pasado. Era una nota con dibujos atrevidos: la cabeza del artículo decía: INSTANTÁNEAS. “Ésta es la sección semanal de los sábados que me encanta”, escribió Tanga en la esquina izquierda:

SERGIO

Salió de la oficina de su jefe con el estómago revuelto, así que apenas pudo llegar al baño, se encerró en el pequeño cubículo para desabrocharse el cinturón; bajarse al mismo tiempo calzón y pantalón; echar su corbata hacia los hombros; sentarse en el escusado y sin que nadie pudiera atestiguar cómo descargaba la vergüenza, el miedo y el dolor que tenía adentro, sin remedio, comenzó a llorar sollozando como un niño perdido.
Dentro de sí estaba consciente que no lo corrían por la crisis económica mundial, sino por inepto, por huevón; nadie mejor que él sabía que cuando llegaron los nuevos programas para la computadora, él no tomó con interés los cursos y no aprendió absolutamente nada. Hasta ahora se hacía pendejo muchas horas en la chamba, no estaba dando resultados, pero por simpático y popular, se había hecho de una red de amigos que le iban ayudando a sacar el trabajo. Tarde o temprano alguien se daría cuenta de que el puesto le quedaba grande; que ya no daba el ancho.
La neta es que ahora, a sus 32, no era indispensable más que para recibir el cheque, llevarlo a casa, dárselo a su mujer y hundirse frente a la televisión con una chela en mano sobreviviendo hasta el día siguiente en que otra vez se hacía pendejo. Su vida no tenía ni ilusión, ni escape alguno. Volvió a llorar ahí, sentado sobre un escusado color marfil, con los pantalones arrugados en los tobillos, sin que nadie lo imaginara. El rey de las fiestas y del desmadre, odiaba su vida y se lamentaba cada vez  más fuerte.
Sergio tenía la voz de Luis Miguel, su porte y también su gracia. De chavito amenizaba las fiestas de la familia, de los vecinos y varias veces, gente desconocida lo llamó por referencia. Cuando iba en la prepa, le llevó serenata a todas las novias de sus amigos; podía pasarse horas haciéndole arreglos a las canciones que le gustaba interpretar, pero desde la primera vez que propuso en su casa dedicarse a cantar en serio, su papá le amenazó con que no iba a apoyarlo, porque eso era de maricones; que no quería escuchar nada sobre esas ideas de la cantada, que ésas eran ideas de su abuela materna, porque para ser famoso había que darle las nalgas a todo mundo. Finalmente en su familia, durante tres generaciones había habido ingenieros y su único hijo sería ingeniero también.
Martha lo vio olvidarse de sus ilusiones y por eso lo abandonó; Sergio vendió su sueño, acabó la carrera, comenzó a ganar más plata trabajando de ingeniero, se casó por inercia con otra y se olvidó de la cantada.
Con Martha en la mente, los ojos cerrados, los dedos entrelazados y su frente apoyada en sus dos pulgares, Sergio comenzó a recordar cómo metía con cuidado los dedos bajo la blusa de su Marthita, cómo acariciaba sus deliciosos pechos y se apretaba a ellos temblando de emoción y ganas, pero respetando siempre la virginidad de su reinita. Los fajes con su Martha eran inmemorables hasta por el dolor de huevos con que llegaba a casa.
Cantar era su obsesión. Descomponía canciones para meterles palabras secretas de ellos dos. Soñando hacerle el amor un día a Martha y quedarse con el sabor de esa niña linda que compartía sus ilusiones. Fue ella quien valiente, le dijo que se fugaran, le exigió que tuviera huevos, le dijo que tenía talento, que debería jugársela. Y se acordó otra vez del calor que sentía en el pecho cuando se apretaban desnudos uno contra el otro, de esas primeras caricias de amor en ese cuerpo virgen que nunca estrenó… y lloró de nuevo esa ruptura, cómo le rogó Martha que fuera valiente.
“Martha”, suspiró Sergio en fuerte y el olor de su propia mierda lo trajo al presente. Se limpió los ojos. No quería que nadie supiera que algo dentro le dolía. Volvió a vestirse y mientras se lavaba las manos con jabón, recobró la imagen del hombre que era antes. Con ganas de recuperar su sueño, seguro de que mandaría la ingeniería al carajo, vio ante el espejo al hombre que quería subir al estrado a cantar y decidió que aprovecharía la oportunidad de regresar a lo que era suyo, y dejar la crisis de su vida atrás.

            Eran ya casi las cuatro y media.  Encontré un correo de mi vecino titulado: “Tienes que ver esto”, imaginé que eran las fotos que les tomó el otro día a Karmen y a Tanga y en automático me acordé de los SICO que guardo en mi cajón. Se me despertó el deseo de usar las llaves que el fotógrafo guarda en mi casa y pasarme un largo y pausado despertar en su cama. Abrí el archivo adjunto para ver las fotos y me encontré con esto:
En el Systran (traductor de DashBoard) he podido confirmar que “Crisis” y “Oportunidad”  tanto en chino simplificado como en tradicional, comparten el 50% de los ideogramas que representan ambos términos:


Simplificado:                                                          Tradicional:

危机 (Crisis)                                                             危機 (Crisis)
机会 (Oportunidad)                                              機會 (Oportunidad)

lachulanga@gmail.com

 

Sico