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Nora Emilia / 26 - Marzo - 09

Efímera y perecedera

Divorciada y con dos hijas me compré emocionada una docena de corazones de alcachofa para probar una receta nueva. En esta época del año la alcachofa baja de precio y uno encuentra los corazones listos y pelados con facilidad. Así me sentía yo. Me tocaba el cuerpo, me acariciaba toda. Me balanceaba con recuerdos de caricias en la hostilidad de las calles.

Los azules cielos del mes de marzo en la ciudad son de un celeste hermoso. Aparte, las jacarandas aparecen por todos lados. El calor no es sofocante. Las sombras hasta dan un poquito de frío. Los primeros días de la primavera en esta ciudad son hermosos, seguramente por eso los dioses estaban ligados con la naturaleza en las épocas de Moctezuma.
Yo no quería prender el radio para escuchar a Carmen Aristegui hablar de tanta mierda. Sueno banal e idiota cuando trato de entender esa realidad, porque no sé nada de política. Me lo dijo así mi vecino el fotógrafo el otro día, cuando le estaba diciendo algo que oí en el noticiero.

—No hagas política, no hables de política —me interrumpió dulce y desnudo mirando al techo acostado en su cama abrazándome entre sus sábanas después de coger—, y si vas a cometer esa torpeza, entonces instrúyete y prepárate a recibir el repudio de quienes no están de acuerdo con tu postura, pero desde luego que olvídate de tener amigos —yo lo miraba con ganas de comérmelo a besos otra vez. Volteó a verme y sus ojos comprobaron que no me estaba haciendo encabronar como otras veces, sino que me brotaba el deseo de besar su boca y sus sienes, de hacer de sus palabras frases y aprendérmelas de memoria para decírselas a miles y que éstos las escucharan y las repitieran a otros—. Para mí, la vida —lo seguía escuchando toda yo— es transmitir emociones y sentimientos independientemente del credo, color de piel, partido político, clase social o preferencia sexual que tengan las personas. La vida es una comunión que va más allá de los intereses políticos. Es aflorar los sentimientos universales que traspasan las fronteras del tiempo y del espacio. La política, en cambio, es efímera, perecedera y normalmente surge de los intereses y necesidades de unos cuantos. No dudo que detrás de tus opiniones políticas haya una muy buena intención de mejorar este planeta, pero con las intenciones no es suficiente. Las opiniones y las intenciones se quedan en eso, en simples y llanas pretensiones. —¡Auch!!, cómo me dolía oír lo que me estaba diciendo—. Tú que sabes de cocina, nunca recomiendas echarle sal o mostaza al postre, por más que quieras cambiar al mundo o ser original y auténtica —no lo interrumpí, lo dejé seguir hablando, pero justo en ese momento me vinieron a la cabeza varios postres que llevan su pizca de sal, inclusive las claras de huevo se montan mucho mejor cuando se les agrega la sal. Llegué a la conclusión que si alguien no sabe de cocina es mi vecino y a pesar de vivir solo, nunca le ha interesado aprender. Bastó con recordar la vez que me preparó un desayuno dizque muy acá. Hasta se me hizo raro que se pusiera a hablar de cocina.

Terminé de preparar mi sopa fría de corazones de alcachofa cuando encabronada, llegó mi hija Marcela de la escuela.

—No es justo. Me empapó un niño y la directora nos expulsó al parejo.
—¿Por qué a ti?
—Eso es lo que yo digo. Primero me tiró un chorro de agua, le dije que me dejara en paz, que se estaba pasando y después me vació una botella entera sobre la cabeza. ¿Qué le pasa?
—¿Lo mojaste tú también?
—Mamá, claro que no. Es la maestra más injusta que he conocido en toda mi vida.
—Escríbele un correo a la directora explicándole lo que pasó.
—No va a servir de nada ni aunque organice una huelga general —contestó furiosa.
—Entonces no hagas nada. Sólo no te quejes —le dije enojada de verla darse por vencida, sin ganas de defenderse—. ¿Desde cuándo somos derrotistas en esta casa? —le pregunté molesta.
Marcela se encerró en su cuarto con un tirón de puerta. Yo me quedé en la cocina con mi deliciosa sopa de corazones de alcachofa que ya no me supo a nada.
—La política está en todo —pensaba acostada antes de dormir— no se puede no integrarla. La vida del ser humano es política, por ejemplo el aborto, si no tengo el apoyo legislativo no puedo abortar… si no estás involucrado no existes. El ser humano se debe comprometer, es otra cosa cuando vive comprometido contra el narco, contra la violencia, contra la anorexia, contra todo lo negativo. ¿Cómo se le hace para estar en comunión más allá de los intereses políticos, para traspasar las fronteras del tiempo y del espacio? ¿Cómo se le hace para que la política no sea efímera y perecedera; para vivir bajo los valores universales? ¿Qué significa vivir comprometido con nada?

lachulanga@gmail.com

 

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