Nora Emilia / 13 - Mayo - 09
Plátano, canela, vainilla y nuez
Divorciada y con dos hijas me levanté sin saber qué se le puede decir a una mujer como Tanga ante una circunstancia de vida tan particular como la de ella. Primero regresó hasta la madre de su relación y todavía seguía mentando de su fase lésbica cuando de pronto, brota la pandemia.
Tanga no quería volver a casa de su novia, pero cuando Karmen vino por ella y Tanga la vio, se abrazaron llorando. Me dijo Tanga que el abrazo duró muchos minutos, que se dijeron cosas lindas. No para volver, sino para dejarse en otros términos. Para las dos, vivir juntas era impensable.
Cuando se fueron de regreso pasaron a mandarme besos desde la calle a la terraza. Como yo estaba agripada, no bajé. Las vi a las dos vestidas de jeans azul claro y playera blanca. Su aura, sin embargo, era distinta. Tanga se había obscurecido el cabello. Sus ojos penetraban en serio. La experiencia lésbica le había hecho tocar su feminidad. Se enamoró de una leona como ella, quizás poco a poco se fueron perdiendo una en la otra. ¿Habrá sido ése el error?
—Aunque suena egoísta, una debe de estar enamorada de sí misma, sólo así puede una escuchar sus deseos, dejar de querer que la otra adivine —me decía de muchas formas Tanga—. No sé, es muy extraño. Todo es muy extraño.
Con la palabra extraño en la cabeza me quedé dormitando y aparecí en mi imaginario mimetizada a Tanga en un cortometraje animado en el que yo era como ella, y ella como yo. Un poco a la Betty–Verónica de los comics de Archi, pero las dos del mismo color.
Nos vi en una mesa fumando de un narguile lleno de agua y de tabaco de plátano, canela, vainilla y nuez. En lugar de comer, fumábamos. No era necesario masticar, digerir ni engordar para degustar ese platillo, con el olfato bastaba. Dos chavos se sentaron en nuestra mesa y Tanga, a la primera oportunidad que tuvo, les dijo que yo era su novia, que era muy celosa y que si querían bien-podían quedarse a ver cómo me acariciaba las piernas. Obviamente deberían ser respetuosos. Yo, en ese momento, me agarraba de la silla para no despegar al infinito. Me sentía bañada de una cubeta gigante de flores, deseada por ellos y poseída por Tanga. El contacto era tan sutil que me estremecí sin darme cuenta. Pensé que estaba ardiendo en calentura, pero sólo era el calor que en estos días se dejó venir y que me consumía por dentro. Una alarma comenzó a sonar cada vez más fuerte. Unos delincuentes con tapabocas puestos entraron con cuchillos a asaltar el lugar.
Me incorporé asustada. Era el teléfono. MiDoctor. Su voz preguntando cómo seguía me relajó de inmediato. Agradecí las flores lilas que mandó en mi cumpleaños, lo escuché tan lindo. Me invitó a Querétaro como de chiste, dizque para celebrar el día de madres.
—De viernes a sábado, ¿verdad? —acepté su invitación en serio.
—Las separaciones no tienen porqué terminar con color a tragedia —le dije yo por teléfono a Tanga mientras empacaba emocionada mis cosas. Le iba a contar del sueño, pero preferí escucharla. Otra vez se extrañaba a sí misma.
—¿Te acuerdas que todo comenzó en Cuba? Con Nadja, la mulata que se me metió entre los ojos —me lo contaba como si yo no me supiera su historia, como si no la hubiera visto permitirse todo.
—Las cosas en México se están tranquilizando —le dije yo—. Ya puedes regresar. El De eFe ha vuelto a la normalidad.
—El virus todavía mata, no te creas que esto terminó así nomás. El chiste sería que no regrese la normalidad —apasionada, continuó—. Ojalá pudiéramos querernos un poco los chilangos. Concentrar esfuerzos —ya empezaba a sonar como Karmen, queriéndonos ordenar a todos—. Una urbe como la nuestra tiene que ver con el deterioro de la humanidad. ¿Será que nuestra especie está en extinción? —sin duda el tono de Karmen; fue como comprobar su mimetización.
—Tanga —la interrumpí—, lo cierto es que en estas vacaciones-no vacaciones hubo días muy reflexivos. Estamos todos como saliendo de la cueva. A parte del susto y la sobre información, para muchos fue una tregua. No mames, por vivir aquí no nos va a dar influenza.
—Lo que digo es que hay que estar alerta a los síntomas. He oído decir que vienen dos rebotes —cuando Tanga comenzó con lo mismo, entendí su necesidad de justificarse, igual quería pasar otros días más por allá. ¿Qué puedo decirle? ¿No sabe que si no se va de ahí pronto, va a volver a terminar hasta su madre?
Yo viajé a Querétaro para pasar con MiDoctor toda una noche. Ya que estamos juntos, las palabras se convierten en besos; los abandonos en caricias.
Cenamos con Héctor y Lourdes, fundadores de una asociación queretana llamada “Ándale”. Más jóvenes que nosotros, igual de enamorados, la pareja nos salpicó con su alegría y Lourdes con su sensualidad. Paseamos de noche por las plazas y, ahora sí, me comí un delicioso postre de plátano, canela, vainilla y nuez como el que soñé.
Regresé al De eFe hinchada por la luna llena. Invité a MiDoctor a la subasta de antigüedades en Casa de Luna, el jueves 14 por la noche, en la esquina de Ortega y Carrillo Puerto, en Coyoacan. Me dijo que iría y también que me reserve para el 24 de este mes, porque me tiene una sorpresa.
|