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HistoriasReseñasPodcast

Nora Emilia / 04 - Junio - 09

El último “detashlle”

Divorciada y con dos hijas aproveché que el domingo amaneciera nublado, lluvioso y frío para ir al Museo de Antropología a visitar la exposición temporal: “Teotihuacan, Ciudad de los Dioses”. Pensé que el lugar estaría vacío contando con que en un día grisáceo como ése, la mayoría de la gente coincide con que no hay plan mejor que  quedarse en casa enroscado en el cuerpo de un amante; treparse juntos a la búsqueda de un orgasmo; sucumbir a él, bajar, dormir, despertar; volverse a trepar a otro para culminar todavía más fuerte; apapacharse; poner una rica música y dormir de nuevo; despertar, oír llover; abrir una ventana; oler la tierra mojada; sentir la humedad de la lluvia; comenzar con caricias y gemiditos para provocar de nuevo las ganas y saciarse una vez más; despertar descansados y con hambre a devorar una pasta rica preparada por los dos en la cocina.

         Mis cálculos fallaron. Más gente de la que imaginaba se fue por el mismo plan que yo: ir a conocer de frente a los dioses de Teotihuacan para suplicarles que el próximo domingo amanezca otra vez lluvioso y que nos envíen un buen amante para quedarnos bien acompañados en la cama a saciar los deseos sexuales y amorosos que tantos mexicanos tenemos a flor de piel.

         Llegué emocionada al museo. Adoro nuestra historia; me apasiona y orgullece saber que Teotihuacan llegó a ser una de las ciudades más desarrolladas del mundo en su época; con cada pieza se puede conocer un poco más de las costumbres, las tradiciones y el gobierno de la civilización de aquella época.

Era una delicia recorrer una exposición tan bien montada, y más aún, cuando me fui dando cuenta que los dioses me empezaron a escuchar y los ojos de un tipo extranjero, que yo hubiera asegurado que era italiano, estaban clavados más en mí que en las piezas. Sentí como si quisiera arrancarme la ropa y sacrificar mi cuerpo junto al suyo adornándome primero con los collares y las máscaras que cada uno por su lado podía observar a través del cristal de las vitrinas. No me clavé en conjeturas falsas, así que seguí compenetrándome en las esculturas de piedra disimulando no saber que el hombre, que parecía italiano, me seguía.
La pieza que más me gustó está en la última sala, es un hombre sentado al que se le desprende la parte frontal para ver en su interior los muchos seres que viven dentro de él.

—Lo llaman personaje huésped —me dijo en perfecto español-argentino el hombre que imaginé que era italiano.

—Increíble que hubiera desde entonces el concepto de tantos unos viviendo dentro de otro —le dije dando por hecho que estábamos en el mismo canal. El acercamiento corporal del pibe era señal de que mis plegarias eran escuchadas. Era delicioso el atrevimiento con que me guiaba por la sala apoyando su mano entre mi espalda baja y mis nalgas altas. Seductor, aseguraba que hay mucho que aprenderles a los teotihuacanos. Ver la exposición a su lado era tan exquisito que regresamos traviesos, a pesar de los tumultos, a ver juntos los murales de colores y  la gallina de barro que tanto me gustó. Me sentía extasiada entre tanta arqueología.

—Nada, che, recién ayer leía en la web que Miguel Baéz, curador de la exposición; dice que el sistema político teotihuacano estaba ideado para que las figuras políticas no resaltaran, ¿viste?, ellos atendían su trabajo conectados a un proyecto, una política de Estado —interesada, seguí escuchando—. Vos comprendés, bombón, que eso es exactamente opuesto a la forma en que hoy se aborda la política en el mundo que, por lo general, se basa en privilegiar al personaje por arriba del partido, ¿viste? Según Baéz, los teotihuacanos buscaban enaltecer la institución y la colectividad, antes que a los individuos.

         —Nada más ese avance es maravilloso —le dije sorprendida—. Mira las joyas en miniatura hechas con obsidiana y jade. La muestra está extraordinaria.

—Yo lo sé, bombón. Leía que la exposición estará viajando a muesos de París, Zurich y Berlín, ¿viste, che? Yo me sorprendo che, pensar que los mexicanos de hoy, herederos de tanta sabiduría, en pleno siglo XXI recorren el mundo como ejemplo de la civilización adelantada de sus antepasados y la vida cotidiana en su país actualmente es deplorable, sus valores políticos, sociales y culturales son tan primitivos como atrasados; es de boludos, ¿viste? Y bueno…, por favor, vos sabés como yo, que la política Argentina no anda bien, con el detalle de que nosotros no tenemos antepasados tan dignos como vos, ¿viste?...

Uups, se esfumó el encanto con ese último “detashlle”. “Shya” no quería escuchar más. Estuve a nada de lanzármele “shyo” a la “shyugular” para preguntarle qué chingados hace aquí si nuestra sociedad le parece atrasada y primitiva, pero me dio vergüenza porque sus palabras, tristemente, no estaban tan erradas.

Inventé que andaba apurada y sin reprocharles a los dioses el haberme mandado un argentino franco, engreído y tan mamón, me despedí a pesar de la “shlluvia”, y preferí, por mucho, ahorrarme el acostón.

lachulanga@gmail.com

 

Sico Endora