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Nora Emilia / 02 - Julio - 09

Aunque sea por unas horas

Divorciada y con dos hijas descolgué el teléfono a las 4:23 de la mañana. Contesté precipitada con un “¿qué pasó?” mortificado al tiempo que reconocí el número de Tanga en el identificador.

—Los mexicanos tenemos que recuperar la confianza.

—Tanga, ¿de qué estas hablando? —le pregunté sin entender cuál era la urgencia de decirme eso en plena madrugada.

—…no entendemos una chingada. Esto que estamos viviendo se llama oposición, este es el cambio que se buscaba. Dar ideas, ganar votos, proponer alternativas. Entre todos ellos tiene que estar el bueno. Falta dejar la desidia a un lado y participar entendiendo. Hay que corregir lo que está mal y en ese camino estamos.

—Sigues con “El Chelis”, ¿verdad? —le pregunté casi para mí. No fue necesario que contestara.

            —Tenemos que saber llegar a acuerdos.

—Tanga, es mucho más complicado que eso.

—Mira, algo grande y sólido se lleva germinando en nuestro país desde hace años. O hacemos todos un equipo, nos echamos la mano y nos volvemos más honestos, o vamos a terminar comiendo mierda. Los países que se unen y van juntos hacia una misma dirección llegan más rápido y más lejos.

—¿Y qué propones?

—Educación. Educarnos, todo tipo de educación.

—¿Cómo? —ahora sí, ya me estaba desesperando.

—Por ejemplo, “El Chelis”, está dando cursos de educación financiera a los padres de la escuela donde trabaja. Asesora a la gente para aprender a pedir préstamos que puedan pagar. ¿Sabes que estuvo mucho tiempo trabajando en bancos? Lo más urgente es educarnos, explicar bajo qué términos puede uno endrogarse sanamente.

—¿Drogarse sanamente? —Su densidad me estaba quitando el sueño.
—También, empezando por el alcohol. Quién mejor que yo te puede decir que en está vida, más vale aprender a tomar. Hay expertos en adicciones. Hay mucho que aprender de  los especialistas.

—¿Y la gente qué, se va  a poner a estudiar así no más?

—Hay tanto desempleo que si dan becas, más gente de la que te imaginas va a asistir. Lo que necesitamos es reunirnos con un propósito, socializar haciendo. Masivamente hablando necesitamos reeducarnos. Ética, historia, sexualidad.

—¿Sexualidad? —le pregunté bostezando.

—Por cierto, te cuento, ayer hablé con mi hija. La fui a ver a su casa y platicamos. Le conté cómo de pronto me vi envuelta en una burbuja de caricias y apapachos femeninos que me transportaron a las primeras caricias de mi madre... —sentí que se le iba a quebrar la voz— …pudimos platicar tan rico. Esa generación viene con un chip más que el nuestro. Lo entienden todo, tienen mayor claridad. Tú conoces bien a mi hija, siempre ha sido rebelde, mucho tiempo hemos estado distanciadas; ésta vez fue distinto. Platicamos hasta altas horas de la noche, nos contamos secretos; nos hicimos más amigas.

—¡Qué rico! —Ya se me había espantado el sueño.

—Estoy en un muy buen momento de mi vida. El “Chelis” me está devolviendo una ráfaga de luz que había perdido en algún sitio. Me siento prendida, como que todo se me está volviendo a acomodar. Estoy segura que esa energía que me dispara al centro de mi cuerpo, es esencial para comenzar bien el día. El juego consiste en regresarle esa misma energía a él con la misma intensidad. ¿Cómo explicarte? Mi vida sexual está en pleno entrenamiento.

—¿De qué hablas?

—No te voy a contar con pelos y señales, pero para que me entiendas, él me seduce por las noches y yo a él por las mañanas. Cuando llego a la cama como que me está esperando con un frase nueva que me repite en calladito muchas veces al oído, me dice que no me va dejar dormir hasta que estalle de nuevo entre sus brazos y me sienta estremecer; dice que para descansar él, necesita sentir mi corazón latir muy rápido, saber que me está dejando exhausta. Y a mí, qué quieres que te diga, extrañaba tanto esculcar al amanecer el bulto de quien duerme a mi lado, me fascina saber si mi Chelis despertó con erección, saltarle encima y absorber su primera muestra de energía. No sé, creo que por fin encontré las palabras para explicar la diferencia.

—¿Qué diferencia?

—“No se trata de coger, sino de entregar” —hizo una pausa—.Tu orgasmo es el suyo en equilibrio. Kar, mi Karmelita linda. Te he extrañado tanto —¿Karmelita? ¿Debía corregirla?, ¿decirle que soy yo?— qué rico que siempre pueda llamarte así, a cualquier hora, incluso a media madrugada, cuando todo está obscuro, cuando el mundo duerme. No sé ni que te estoy diciendo. ¿Sabes? Extraño tus manos en mi piel…
Se despidió de mí y colgamos.

Becas para reeducarnos en todo el país. Mentalizarnos con la idea de que de entre todos, va a aparecer el bueno. Educación financiera. Entregarse. Me levanté de la cama y con el secador en frío, me bañe de aire fresco el cuerpo. El calor me cocinaba. Tomé casi medio litro de agua recordando a cada trago la dulzura con que le hablaba Tanga a su Karmelita… cuando vi el reloj eran ya las 5:07. Desnuda me metí a la cama, cerré los ojos y recordé la última madrugada que pasé acurrucada a MiDoctor; quería imaginar que estaba con él, soñar con un México prometedor, con el potencial de la gente y olvidarme de nuestro país roto, aunque sea por unas horas.

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lachulanga@gmail.com

 

Sico Endora