banner


HistoriasReseñasPodcast

Nora Emilia / 10 - Septiembre - 09

Mi amigo Beltrán

Divorciada y con dos hijas salí con Tanga y el Chelis a ver el partido México vs. Costa Rica. Yo no andaba muy animada, ni se me antojaba andar de trío, pero como ofrecieron pasar por mí, nos fuimos con la esperanza de que la selección le regalara al Chelis un partidazo.

El lugar estaba atascado. Me encontré a mi amigo Beltrán, quien fuera la versión masculina de mi amiga Tanga cuando estudié la carrera.

Siempre hubo entre él y yo un tono de ligue en el aire; miradas y propuestas de chiste en serio. Nos distanciaron los celos de una de sus chavas y terminé por alejarme.

La noche que le anuncié que me casaba, entre risa y broma después de media botella de tequila, comenzamos a netear.

—Antes de que te cases, bonita. Hoy, dame esta noche —propuso una despedida. Como sus besos sabían a amistad y sus palabras me enamoraron, decidimos quitarnos el gusanito que teníamos uno por el otro. Comenzamos a fajar, pero por la emoción y los nervios nunca se le paró bien. Nuestra escapadita se convirtió entonces en una noche dulce, en la que él sintió que hizo el ridículo y se la pasó llamándose pendejo a sí mismo, decía que no podía creer que después de tantas ganas, su cosita le hubiera fallado.

Impresionante, porque después de tantos años, la relación sigue siendo abierta, atenta y franca. Puedo hablar con libertad de cosas íntimas y Beltrán no esconde su deseo. Desde el primer gol, nos dimos un beso en los labios. Como la selección ganó tres a cero, nos acaramelados al final del juego.

No nos habíamos visto desde mi divorcio; él se veía muy bien. Nos sentamos juntos y al cabo de un rato ya estábamos hablando de cosas importantes.

—Con la última chava con la que anduve, me bastó para no quererme casar jamás, pero neta, me arrepiento de no haber tenido hijos. No sé, simplemente no encontré a la persona correcta, no creas, la soledad me pesa.

La selección parecía saber que era cumpleaños del Chelis, entre sus amigos y los de Beltrán hicimos una sola mesa. Al primer gol festejaron al Chelis aplastándolo entre todos, como si fuera él quien hubiera anotado.

—¿Qué tal tú ahora, que ya no estás casada? —me preguntó Beltrán entre gol y gol.

—Ya hasta besé a una mujer —le dije para hacerme la interesante y le señalé a Tanga.

—¡No mames! —se prendió—. Está divina. Siempre he dicho que todas las mujeres son bisexuales, es sólo cosa de que se suelten —su afirmación me dio risa, qué va a saber él de las relaciones femeninas si es un tema conocido y desconocido hasta para nosotras—. Me encantaría escuchar detalles —me dijo muy acá y yo le recordé aquella vez que no pudo. Él insistió, dijo que ahora sí podría cumplirme como yo lo merecía.

Cuando Guardado anotó el último gol. Todos se le hincaron al Chelis como si fuera un dios.

—¡Qué regalo!, ¡Qué cumpleaños!  —se hincó él también y todos se abrazaron.

—Parecen idiotas —me dijo Tanga señalándolos y yo la besé en los labios para provocar a Beltrán que no dejaba de vernos.

Terminó el partido.

—Entonces qué, ¿mi casa? —me preguntó serio y se volvió loco cuando con una sonrisa traviesa dije que sí—. No me la creo. Por fin —dijo y volvió a besarme ya sin goles—. Adoro esta chispa de locura que tienes desde que te conozco —me tomó de la mano y nos fuimos en su moto.
Tanga me mandaba mensajitos por celular. Yo se los iba leyendo a Beltrán para calentarlo todavía más.

—Nunca pensé que este sábado iba a pintarme tan rico —confesó Beltrán mientras preparaba la tina—. Quiero que esta noche no termine nunca. Abrió una botella de vino seco y espumoso. Puso música y comenzó a interrogarme. Yo le inventaba detalles, como si supiera mucho de las relaciones lésbicas.

         En cuanto nos pasamos a su cama, como una maldición, se le bajó a Beltrán. Angustiado, comenzó a repetirse: “no puede ser cierto, esto, no puede estar pasándome a mí”. El pobre estaba bloqueado. Juraba que eso no le sucedía nunca, se justificó mil veces.

—Vas a pensar que soy impotente… te juro que este problema de bloqueo me pasa sólo contigo. Perdón…

         La verdad, me dio más ternura que coraje. Lo oí afirmar que si eso le pasara seguido, tendría pastillitas que se la levantaran, repitió que ese bloqueo era sólo conmigo. Estaba fatal, se decía pendejo, estaba frustrado, y yo, bueno… asegurándole que a veces así sucede; que nos tenemos que ver otro día, que la tercera era la vencida, que no era tan grave, que me la pasé lindísimo.

Al día siguiente vino Tanga a preguntar detalles, yo estaba en casa de mi vecino ayudándole a envolver unos cuadros. Les conté con frustración la noche, y mi vecino defendió a Beltrán diciendo que eso le ha pasado a él también. Nos paró en seco y prendió el radio.

Tanga y él comenzaron con que el Vasco es un genio porque sabe lo que la selección necesita, con que si el balón hubiera estado en los pies de Neri Castillo hubiera tratado de anotar en lugar de pasarla, con que a México le faltan alianzas como la de Giovanni y Guardado. En eso, entró una cápsula anunciando el aumentó de impuestos. Le cambiamos al radio desanimados, sabiendo que esa propuesta tampoco nos va a sacar de la descomposición social en al que estamos sumergidos.


Descargar esta historia (PDF)

lachulanga@gmail.com

 

Sico Endora