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Nora Emilia / 17 - Septiembre - 09

Lourdes Macluf

Divorciada y con dos hijas me fui a la pozoliza que organizó Victoria para celebrar la independencia de México con sus amigas del taller literario.

Quería conocer en persona a Lourdes Macluf, la autora de “Si hubiera Mar,,,”, una novela maravillosa que rescata el ambiente de nuestra ciudad en los años 40 del siglo pasado.


Eugenia, una de las asistentes la presentó: “Lourdes Macluf estudió Lingüística en la Escuela Nacional de Antropología e Historia; se ha dedicado al periodismo cultural y ha coordinado varios talleres de creación literaria. En 1995 publicó, en coautoría, “De Líbano a México”. En el 2000 apareció su primera novela: “Aquel amor” y en 2004 con, “Si hubiera mar…” obtuvo el Premio Nacional de Novela “José Rubén Romero”.

Lourdes, es una mujer emprendedora, decidida y aventurera que ha viajado por el mundo. Ha desarrollado oficios tan disímbolos como periodista y detective privado.  Para Lourdes Macluf la literatura es un don. La comparte, la goza, la fabrica como una artesana minuciosa y al escribir contagia el gusto por la creación literaria”.


Aplaudimos. Ella se levantó a darle un abrazo cariñoso a Eugenia. Pude escuchar como le decía: “Gracias corazona”, se volvió a sentar, tomó su cubita, brindó por México y tomó la palabra.


—No crean, escribir es una pasión que tiene sus dosis de enfermedad, de adicción. Es mi manera de estar en el mundo; es el objetivo de mi vida. La escritura es un proceso de conocimiento, una evolución creativa. Una salvación —.En lo que hablaba Lourdes, comencé a recordar a Dayane Fontaine, el personaje principal de su novela, que es justamente, una novelista sin novela, a la que por azares le llega la fotografía de un desconocido al que le pone el nombre Archibaldo Maffei y enamorada de él va construyendo capítulos del hombre del que sólo tiene una imagen fotográfica—. Mi novela es un juego de planos, una cámara de espejos; una novela dentro de otra novela.


—¿Cómo fue qué escogiste el tema? —preguntó Yolanda, una del grupo.
—Los temas no los escoge uno, ellos te escogen a ti, y eso es lo que me aconteció en "Si hubiera mar…",  en cierto modo, hablo de mi proceso de escritura, del rito iniciático de una mujer, que gracias a Archibaldo Maffei, deja de escribir para escribir.


—¿Existe la fotografía de Archibaldo Maffei? —preguntó Ana curiosa.


—Claro que sí. La encontré en un mercado de pulgas. Y de tanto imaginar su historia, no pude más que escribirla. ¿Cuántas de ustedes han querido salirse de su propia vida y viajar a una otra como Alicia a través del espejo? En mi novela uno acompaña al personaje principal a su viaje interno, hasta lograr ver su propia vida con claridad y tomar una perspectiva distinta.


Por la forma  de acariciar el libro que Lourdes tenía en las manos se podía leer el cariño que le tiene a las letras, la pasión que se desborda. Disfrutaba cada palabra, cada frase. Me dieron ganas de ponerme a escribir, entendí como al inventar a un personaje los escritores le dan vida, y es que por la forma en que hablaba Lourdes, parecía que ella era la protagonista de su novela en un viaje mágico.


—¿Crees entonces en la magia de la literatura? —la interrumpí.


—Definitivamente sí. La literatura tiene magia porque saca al lector de un mundo para meterlo a otro. Con un poco de malicia, puede uno hacer que los lectores se envuelvan en un mundo que subyace dentro de otro que es también una invención, y que luego puedan volver a su realidad, con una serie de recuerdos de esos viajes.


—Tu novela me llevó a aprender sobre la forma en que viajo por la vida —dijo Gabriela— ¿Cuéntanos, cuándo escribes?


—Escribo muy temprano —se rió Lourdes—, en la cocina, con una taza de café. Mi secreto es que me tomo el tiempo necesario para elegir cada palabra que coloco en una frase. Leo y vuelvo a leer el párrafo, verifico la puntuación y busco exprimir al máximo una idea. Disfruto ese proceso hasta quedar completamente satisfecha.


Un hombre le hizo una seña, Lourdes le sonrió con los ojos y miró el reloj.


—Se acabó el tiempo, corazona —le dijo a Eugenia—. Muchas gracias por la invitación, nos vamos a la exposición del Greco a Bellas Artes. ¿Quién quiere venir? —nos preguntó— José Luis nos dará un recorrido maravilloso.


Victoria no los dejó salir sin probar el pozole. Así que entre rábanos, cebollita, chile y orégano la seguimos escuchando.


En lo que ella se despedía José Luis, al ver la emoción que su mujer dejó en nuestros rostros, me dijo: “¿A poco no?, Lourdes es como un árbol maravillosamente frondoso cuya sombra cobija a quien tiene cerca”.


Era de noche cuando por fin llegué a mi cama. Abrí el libro de Lourdes Macluf  y caí en la página 179. Comencé a leer el diálogo de en medio:
“—A veces, cuando me asomo por una ventana o al verme reflejada en un espejo, pienso que hay otro que me escribe, que soy el personaje de alguien; es una sensación rara: la escritora siendo escrita.


—Comprendo lo que quiere decir, pero no hay tristeza en ello, misterio quizás sí. Todos somos en algún momento personaje de otro que nos inventa; nosotros mismos constantemente nos reinventamos, ¿no es así?”.

Cerré el libro, apagué la luz y me dormí pensando a Lourdes a mi lado.

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lachulanga@gmail.com

 

Sico Endora