Divorciada y con dos hijas salí del ministerio público con una mezcla rara de desilusión y esperanza. Yo quería agarrar al cabrón que me robó las veinte litografías que colgué en su oficina para que él pudiera elegirlas con calma, o al menos que me aseguraran que pronto lo van encontrar para que me las devuelva, pero aunque la atención fue amable y repasamos todos los detalles, me daba cuenta que está difícil que pudieran unir los cabos.
Fuimos a levantar un acta para hacer justicia, porque sé que eso es lo que se debe de hacer, pero fueron pasando las horas ahí adentro y de sólo escuchar los agravios que suceden en nuestra ciudad, me sentí impotente, insegura en un mundo sin sentido, chiquita ante tantas injusticias.
Tratando de encontrar qué hacer yo por mi cuenta, me acordé que el divorciado que toma antidepresivos, con el que estuve saliendo un tiempo, pero con el que nunca hubo nada de nada, es abogado; así que le llamé y ante mi desconsuelo, me dio cita en “Las Gaoneras” de Revolución. Tanga nos alcanzó. Estaba apenada conmigo porque ella fue la que nos presentó a la arquitecta y a mí al cliente que ahora anda desaparecido con las litografías.
Llegamos temprano. Serio como es él nos dijo que hicimos lo correcto en levantar el acta y que ahora hay que jugarle al detective, ponernos las pilas, preguntar a los vecinos, no quitar el dedo del renglón. Ya cuando le andábamos entrando al queso fundido y a la chistorra, una mesa larga de ex alumnos cuarentones de la UIC comenzó a llenarse. Entre todos ellos estaba un tal Carlos Plata, que saludó al divorciado con entusiasmo y de manera natural nos comenzó a presentar a sus amigos.
Los ex alumnos de la UIC invadieron pronto también nuestra mesa y Tanga se integró al grupo de comunicólogos.
Entre las chelas, el bicentenario y los tequilas, Tanga sacó el tema del libro que me acaba de publicar Random Mondadori para presumir lo del Palacio de Minería, entonces, el amigo de Carlos Plata, aseguró que tiene un contacto en el péndulo de la Zona Rosa, donde hay un pequeño teatro conocido como El Tejedor.
—Ahí podemos hacer una presentación chida. Está en Hamburgo 126. Si son historias cortas, como dices, la armamos para que actores o teatreros tengan un foro y un tema en común; hasta una buena lectura dramatizada estaría chida; es cosa de lanzar una convocatoria en tu página y dejar que la gente con ganas haga de tus historias semanales una interpretación propia. México es mágico, tenemos un país que desborda creatividad —me dijo para convencerme—. Ándale. ¡Vamos a armarla!
—No se oye mal —dijo Tanga ya medio peda—. Yo soy una actriz de closet, me cae que si la armas, yo me apunto.
—Mira Chulanguita, esto es cosa seria, yo te puedo presentar a gente que sabe hacer bien las cosas. Soy muy buen amigo de Ale Ley y de Elizabeth Piña, sí bien el lugar es pequeñito, creo que caben como 80 personas, tendrás que avisarle a tus cuates que llamen al Péndulo a reservar lo antes posible. Deja llamo al 52 08 23 27, con suerte y nos dan una fecha próxima.
El divorciado con el que veníamos nos miraba sorprendido, de un momento a otro Tanga y yo nos habíamos mimetizado con los ex alumnos de la UIC, parecíamos amigos de toda la vida.
—Voy a ver porque tu amigo el divorciado es tan tímidito —me dijo Tanga decidida cuando vio que él se levantó al baño; quería a averiguar de una vez cuál era el problema de mi amigo porque yo ya le había dicho que no coge.
—Vas —dije sin hacerle mucho caso. Yo estaba concentrada en si se armaba o no lo del Péndulo.
Tanga despareció tras el divorciado. Otro amigo de Carlos Plata, que andaba de mala copa, hablaba con dolor de su universidad.
—…es como un cuerpo sin corazón. Hasta el kínder más elemental debe contar con un patronato conformado por los padres de familia que asisten.
—No es nada más el patronato, no hay lana. Los que antes podían pagar la UIC, ahora ya no pueden —dijo alguien más.
—¿Cómo ves el próximo jueves?
—Es un tanto apresurado, ¿no crees?
En lo que nosotros decidíamos lo del jueves 11 de marzo, vi a Tanga salir del baño con esa cara de satisfacción que ya le conozco. Me contó al oído cómo recargó al divorciado contra la puerta para que nadie pudiera entrar. “Se la chupé hasta que se vino”, me dijo medio de broma medio en serio. ”Lloró de gusto”, exageró.
—… me estás oyendo. Sí podemos, agarremos el 11, si se llena nos dan también el 18. Pon la convocatoria en tu página, consigue premios.
—¡Vamos a armarla! —le dije aceptando sus propuestas feliz de que me hubiera quitado la nube negra que cargaba.
—Ya quedó el próximo jueves 11 —le dije feliz a Tanga.
—¡Qué chingón!
El divorciado salió del baño con otra expresión en la cara. Tanga se pidió otro tequila que se bebió de Hidalgo. Ellos dos se fueron juntos, yo saqué el pendiente de los cuadros fuera de mi cabeza y me quedé con el amigo de Carlos Plata, feliz, armando todo para lo del jueves próximo en El Péndulo.